Querid@shij@s: que 40 años no es nada…..

Querid@s hij@s:

Hace muy pocos días celebramos papá y yo nuestros 40 años de matrimonio ¡Qué felicidad y qué cercano parece el día de nuestra boda!

Yo tenía 20 años (casi 21 para ser exactos y que no se burlen mis hermanas) y papá 25. Éramos muy jóvenes y además a mí me faltaba un curso para terminar la carrera. Un poco raro y alocado visto desde la perspectiva actual, pero papá ya trabajaba, vivíamos lejos el uno del otro, lo veíamos muy claro y teníamos muchas ganas de casarnos.

Me hicieron la despedida de soltera en el Colegio Mayor, en junio, porque nos casábamos en septiembre. Yo encantadísima, seguiría estudiando casada y además sólo me quedaba 5º. Fue entonces cuando me surgieron las dudas: ¿Sería mejor terminar en la Universidad de Navarra, donde estudiaba -se suponía que con un título más prestigioso- o mejor hacer 5º de Derecho en Lleida, en una facultad todavía reciente, pero ya casada? Como había opiniones dispares fui a consultar a D. Ismael Sánchez Bella, primer rector de la Universidad de Navarra y profesor de Historia del Derecho en ese momento. Era mi tutor y me merecía toda la confianza del mundo, porque además era un profesor de mucho prestigio. Fui a verle, y al exponerle mi problema me dijo: “Enhorabuena por su matrimonio. Ahora vaya cerca de su marido y afiance su familia. El título de un lugar u otro no es lo prioritario”. 

Esto dicho por él, con una trayectoria profesional brillante -catedrático de Historia del Derecho, ex-rectorde la Universidad de Navarra y muchas publicaciones académicas a sus espaldas- me dejó muy claro el asunto.

Así nos casamos el 6 de septiembre de 1980 en Carbonero. Un día precioso y con el pueblo engalanado para recibir a la Virgen del Bustar.

Y aquí seguimos papá y yo, 40 años más viejos y 40 veces más felices.

En estos años ha habido de todo: alegrías y tristezas, buenas y peores noticias, momentos de gran complicidad y momentos de menos. Pero gracias a Dios, nunca hemos dudado de nuestro  matrimonio ni por supuesto de nuestro amor. No hemos dudado ni un minuto en estos 40 años de que merece la pena casarse para siempre y de que es una maravilla compartir la vida con la persona que quieres.

Pero es que además seguimos enamorados. Porque no basta con quererse, que  es mucho pero no suficiente. Vuestro objetivo, a lo que tenéis que aspirar es a disfrutar siendo la mujer, siendo el marido de vuestro cónyuge, a pasarlo muy bien, a reíros juntos, a ser confidentes,… En definitiva, a  seguir enamorados toda la vida.

Es el truco, el quid y lo que marca la diferencia entre un matrimonio triste y con poco atractivo y un matrimonio que os llenará de felicidad y por el que seguramente todos firmaríamos. Y es que  un matrimonio sin enamoramiento es un triste matrimonio.   

Seguro que todos estamos de acuerdo con esta propuesta. Pero chicos,  en la vida lo que vale cuesta y lo que cuesta suele valer. Lograr estar enamorados toda la vida necesita trabajarlo. No vale con casarse muy ilusionados y  muy enamorados, mal empezaría si no fuera así.

Las dos partes tienen que tener claro esto: que el amor que nos pide el otro  tiene mucho que ver con que ”hagamos amable que nos ame”. Vamos, que nuestro marido o mujer considere una delicia estar con nosotros. Que nos hagamos querer. 

Y ahí es donde cada uno, cada una tenéis que pensar y ver cómo podéis hacerlo. ¿Qué valora mi marido o mi mujer de mi actitud cuando estamos juntos? ¿Que sea el más listo, el más trabajador y eficiente, el que sabe todo y de todo? Pues a lo mejor sí y a lo mejor no. Habrá que pensarlo un poco. 

Siempre me acuerdo cuando pienso en esto de una película antigua de Katherine Hepburn y Spencer Tracy que me hizo pensar en su día sobre este tema.  Se llama “La mujer del año” y creo que os gustaría.

Por si os ayuda, os comento a las @queridashijas un aspecto concreto que nos ayuda a muchas mujeres en la tarea de hacer amable que nos amen los maridos. Como soy mujer, hablo de mi experiencia como tal, que es lo que mejor conozco.

A lo largo de estos años he ido constatando que en mi caso y en el de varias amigas mías, hacer amable que me quieran está muy relacionado con un tipo de actitudes poco valoradas actualmente, diría incluso objeto de burla y un poco atacadas. Me da miedo hasta escribirlas y os pido comprensión. Seguramente os parecerán propias de mujeres antiguas, débiles, flojas, de mujeres floreros. Pero pienso que no es así en todos los casos (aunque sea una imagen que se ha querido mostrar estos últimos años) y que aunque las civilizaciones y culturas cambian mucho, la antropología es siempre la misma y al menos en parte os pueden servir.  Por eso hago un acto de valentía y os lo cuento. 

Estas actitudes o cualidades que ayudan mucho a que nos quieran son las relacionadas con la humildad:  ser dócil, sencilla, obediente, callar muchas veces en vez de excusarse, tener paciencia y no insistir en que tengo razón (aunque la tenga).

He visto discusiones matrimoniales muy potentes que empezaron por no estar de acuerdo en algún dato absurdo. Los ánimos se van calentando y ambos terminan exaltados y diciéndose cosas que no caben en dos personas enamoradas. Te hace pensar: ¿no se dan cuenta de que están enfrascados en una discusión por una tontería que da lo mismo? Por eso más vale dejar el orgullo a un lado, saber retirarse del campo de batalla y con una sonrisa mejor que mejor. Esto lo deberían hacer las dos partes, pero en la mayoría de los casos sabe hacerlo mucho mejor la mujer.

Y para acabar de escandalizaros, os remito a una idea de la escritora Constanza Miriano que a mí me ha servido y me gusta mucho: “Aporta mucho al matrimonio que sepamos dar un paso atrás ante el hombre que hemos elegido. Cuando tengas que tomar una decisión, vistos pros y contras, fíate de él, es una manera preciosa de demostrar que le quieres y un espacio que engendra enamoramiento. Un hombre no se puede resistir a una mujer que lo respeta, que reconoce su autoridad, que se muerde la lengua, que acepta -por amor- recorrer un camino distinto al que ella hubiera elegido de estar sola”.

Saber ceder, tanto en planes como en actitudes y conversaciones, es un camino difícil pero muy adecuado para mantener la armonía en la que se pule el enamoramiento, y por supuesto el resto de relacioneshumanas (amistad, etc).

Y no vale ir de víctimas. No se trata de calibrar quién da más, sino de que cada uno intente darlo todo. Por eso a veces, compensa sonreír cuando el otro dice que esto o aquello no lo haces bien. Supone también no saltar cuando lo harías, no entrar al trapo cuando te lo pide el cuerpo, no contradecir lo que está explicando el otro (incluso aunque uno esté seguro de que no fue así cómo pasó).

O aguantar estoicamente el “sermón” por ese rasguño del coche sujetando las ganas de replicar que fue peor el golpazo que sin querer dio él… 

Sé que no es fácil y por eso digo que hay que trabajarlo, pero estoy convencida de que merece la pena.

Intentando actuar con humildad, estoy haciendo amable que me amen y el amor de mi cónyuge y el enamoramiento van creciendo a pasos agigantados, que en el fondo es lo que yo anhelo. Estoy de esta manera fomentando la ternura, bonita plasmación y evolución del enamoramiento. Además, en nuestro caso como mujeres, un marido así de contento y enamorado hará lo que sea por cumplir los deseos de su maravillosa y amable mujer. Esta actitud os facilitará mucho que vuestro cónyuge os quiera muchísimo (que en el fondo es lo que busca esencialmente la mujer en su marido y viceversa).

En alguna ocasión me habéis dicho: “Mamá, yo no sé si podré ser tan sumisa o humilde como tú algunas veces ”. Claro que cuesta, pero nadie ha dicho que el matrimonio fuera un camino fácil y pastelón. ¿El resultado final os gusta? ¿Queréis un matrimonio enamorado después de muchos años? ¿Os gustaría que, después de 40 años, vuestro marido os quiera como papá me quiere a mí y quererle vosotras como yo le quiero? Pues a lo mejor sabéis otro camino y chapeau, adelante. Todos somos distintos y viva la libertad, yo simplemente os comparto el mío, porque luchar en eso a mí me ha servido y me ha hecho muy feliz.

¡Vale la pena!

Muchísimas gracias por vuestros regalos de aniversario. Acabamos de llegar del fabuloso fin de semana en Bayona . Ha sido muy muy estupendo. Y nos encantó el vídeo que nos hicistéis todos con la canción de Perales que tanto hemos cantado en casa. Lo cuelgo en el blog de los recuerdos.

Y termino con una frase preciosa, de nuevo de la periodista Costanza Miriano:

“Debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo”.

¡Os quiero muchísimo!

mamá

Un comentario sobre “Querid@shij@s: que 40 años no es nada…..

  1. Querida Conchita,

    Eres muy valiente al escribir esto. Es muy dificil hablar de ceder-vivimos en el siglo de la Soberbia-cuando todo y todos a tu alrededor te persuaden de dar tu opinión constantemente sobre cualquier cosa.

    A mi a menudo me parece liberador no tener que tener razón, ni tener que demostrar que sabes de este tema, ni cuan inteligente o no eres en cada ocasión.

    Qué bien lo dices: ceder es de inteligentes.

    Pero ceder en casa…¡esto ya es nivel décimo Dan! Aunque cuando se consigue, cuando lo consigo…ahí viene lo mejor: que uno se da cuenta que el otro ha estado cediendo mucho más. ¡Qué suerte haber descubierto tanto por tan poco!

    Te felicito por estos cuarenta primeros años de casados y que sean muchos más en la Tierra. ¡Que sigáis siendo muy felices!

    P.S: Te recomiendo vivamente la biografía de Pompeu Fabra. ¡Qué ejemplo de humildad!

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