Dímelo por Instagram

Querid@s hij@s: ”Dímelo por Instagram”

La verdad es que Instagram nos da mucho juego. A parte de su utilización pura y dura, es un tema muy recurrente en las tertulias de casa – más entre las chicas que entre los chicos- comentar las fortalezas, debilidades y amenazas de la red amiga. Es verdad que anima a la vanidad y fomenta el morbo y el cotilleo. Es verdad que a veces crea una vida de amistades falsas. Y también es verdad que puede convertirse en un problema gordo vivir pendientes de los likes que recibimos o de los amigos que nos siguen. ¡Y qué os voy a decir que no sepáis de la pérdida de tiempo que supone muchas veces! Todo esto es verdad. 

Pero también es verdad que es una manera estupenda de recibir ideas buenas, de aprender de gente interesante y competente que comparte su vida y sus conocimientos, de disfrutar de looks estupendos de muchas bloggers, de aprender recetas de cocina, trucos de organización del hogar, decoración y mil cosas más que ahora no se me ocurren, en fin, de alegrarnos la vida. Solemos concluir diciendo que no se trata tanto de estar o no estar en la red, como de saber estar y ponerse un buen “equipo epi” ante las posibles adulaciones y otras amenazas que nos puedan atacar.

Y así, dando rodeos y de cualquier manera, repaso algo que leí precisamente en Instagram y que os quería comentar. Era una cuenta de un gurú de la vida -un experto más en autoayuda- y que decía algo así: “las injusticias crean personas fuertes y las adulaciones gente blandengue”. 

Esto así dicho, en una sociedad en la que todos somos paladines de la justicia y que no pasamos una injusticia en nuestras carnes ni en las de nuestros hijos, suena un poco raro. Si os consideráis partidarios o comprensivos con la idea, es fácil que os consideren malos padres y que vayáis ganando puntos para nombraros “padres carcas del año”. Pero qué queréis que os diga, a mí me gustó la frase y pienso que tiene mucha razón.

 

No os preocupéis demasiado de las pequeñas injusticias -reales o imaginadas- que reciben vuestros hijos en el colegio y quizás en sus primeros pasos a la madurez, y en sus segundos también. Es verdad, por ejemplo, que pueden castigar a uno por algo que no ha hecho, pero es la vida misma. Siempre puedes decir a tu hijo que no pasa nada, que otras veces la lía él y no le castigan.

Posiblemente le va a servir más para la vida esa actitud que la que observamos muchas veces en los colegios:

La madre o padre que reclama justicia al tutor para su pequeño hijo “tratado injustamente”. Le parece una afrenta terrible para su hijo. Y a veces apostilla con contundencia ”Yo no soy madre proteccionista, pero tampoco me gustan las injusticias”.

Es bueno pensar que puede ser de más ayuda para vuestros hijos “soportar” pequeñas injusticias. Podemos ayudarles a encajarlas y a no ir corriendo a reclamar a quien sea. Así  estamos  contribuyendo a su fortaleza y resiliencia, que tanto va a necesitar en sus años venideros.

De igual manera pensaba que resulta un poco empalagoso tanta manifestación de amor de padres a hijos y de hijos a padres. “Te quiero, te quiero, te quiero” se repite por activa y por pasiva, a veces sin sentido. En las películas lo dicen siempre y tiene un efecto mimetizante y a veces pasa a ser como una coletilla y pierde su profundidad.

No está mal ir añadiendo, si se repite con frecuencia, que muy bien, que nos queremos mucho todos, pero que “obras son amores y no buenas razones”. El amor hay que demostrarlo, no sólo decirlo.

Dicen que los extremos son malos y hemos pasado de una época en la que las familia se querían unos a otros pero se lo decían poco o nada, a situaciones a menudo sentimentaloides y un poco cursis a veces (en mi humilde opinión).

También es verdad que hay gente más sensible que otra y la fama que tenemos los castellanos es la que es. Soy castellana austera (ya casi castellana vieja, jejeje) y vengo de una familia castellana austera por los cuatro costados, y como muestra un botón: Un tío abuelo mío decía que “a los hijos hay que quererlos mucho pero sin que lo noten”.

Posiblemente en el medio esté la virtud.

De todas formas, mi tío abuelo educó unos hijos valiosos y que se querían y querían mucho a su padre y a su madre fuera de toda duda. Atendieron y cuidaron a sus padres hasta el final y les trataron con respeto y dedicación toda la vida. Así que no le fue mal.

 

Lo que parece evidente y pienso que prioritario, es que los padres transmitamos a nuestros hijos que les queremos y que son lo más importante en nuestra vida.

Ahora bien, los medios para hacerlo son variados y opinables. Mi tío abuelo, con sus modos (ahora extemporáneos y poco cariñosos) lo consiguió. A ver si, con los actuales y sensibles medios, lo conseguimos también los demás.

Un fuerte abrazo a todos.

Mamá.

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