Queridoshijos: ¡que bien que tenemos pueblo!

Queridos hijos: ¡Qué suerte tenemos de tener pueblo!

Este mes de agosto lo he pensado muchas veces: qué suerte sentirse tan claramente de algún lado, no tener duda de dónde soy ni de dónde me siento. Mis padres eran del mismo pueblo y mis abuelos y bisabuelos también. Es un planteamiento muy simple para la era de globalización que vivimos y que no está nada de moda, pero qué queréis que os diga: a mí me gusta. 

Papá y yo somos de pueblo y estamos muy orgullosos de ser y tener pueblo. Además un pueblo estupendo y del mismo los dos.

En Carbonero el Mayor nací y viví hasta los 13 años. Ya no podía seguir estudiando allí y me trasladé primero a Segovia a estudiar en las Jesuitinas y después, a Pamplona a la Universidad de Navarra.

Pero ahí estaba mi pueblo, con mi familia, con mis amigos, con mis vecinos y conocidos de siempre. Ahí estaba y allí volvía yo indiscutiblemente cada verano, Navidad y Semana Santa. 

Volvía porque es lo que me gustaba y donde quería estar en vacaciones. No había nada comparable.

Estar allí los dos meses de verano se fue haciendo cada vez  más difícil, pero el mes de agosto siempre ha estado adjudicado a Carbonero.

Después me casé con papá, que también había nacido en el mismo pueblo (aunque vivía fuera desde que era niño) y que también era feliz pasando las vacaciones en Carbonero.

Conclusión: que ahí hemos seguido y seguimos yendo desde que nos casamos, año tras año, todas las Navidades, Semana Santa y mes de agosto.

Reconozco que me pesan mucho las raíces. Una vez leí que el amor a la patria es de Derecho natural. Empieza por el amor a tu pueblo, sigue con el amor a tu provincia, a tu comunidad autónoma, a tu país…En mi caso es tal cual. La vida me llevó a vivir en Lleida y he sido y soy muy feliz aquí. Además aquí habéis nacido todos mis hijos y estoy rodeada de amigos y gente estupenda. Es mi segundo pueblo o mejor dicho ciudad, lo quiero y le debo mucho de lo que soy,  pero me sigo sintiendo segoviana primero y catalana después. 

Hace muchos años, una amiga de Lleida me explicaba a comienzos del mes de julio el maravilloso verano que tenía por delante: esquí en los Alpes, bucear en unas islas que no me acuerdo cómo se llamaban, playas paradisíacas… Y al terminar su explicación me miró y me dijo: “Y tú ¿al pueblo?”. Yo, un poco apabullada, la verdad, asentí y me reí interiormente de la situación, mientras pensaba para mis adentros que no cambiaría ni un día de mis vacaciones por las suyas. Es lo que tiene la ilusión, supongo. Porque mi pueblo no tiene gran cosa, pero es donde me hace más ilusión pasar las vacaciones. Me encanta estar allí porque todo allí está lleno de recuerdos. De recuerdos y sobre todo de gente a la que  quiero. 

Recuerdos de mi infancia, recuerdos de mi adolescencia y primera juventud, recuerdos de mi noviazgo y recuerdos de mi vida de casada. Recuerdos que son sitios, lugares, situaciones, recorridos, pero sobre todo son personas, gente querida: mis padres, abuelos, hermanos, tíos, primos, amigos, vecinos y conocidos. Y todos en abundancia. Qué gusto reencontrarme con tanta gente a la que quiero. Cuántas historias y situaciones  vividas juntos. Al final la vida tiene mucho de eso: recordar juntos. 

Cómo me gusta ver a los ancianos del lugar pasar las tardes de verano en un banco. A veces hablan, muchas otras están callados, pero les une una historia común. Comentan las historias del pueblo a lo largo de su vida, han compartido mucho y por eso están agusto juntos. Son felices con su complicidad.

Por si esto fuera poco, ahora que estáis casados más de la mitad de mis hijos, resulta que a todos os encanta venir a Carbonero. No sólo a los hijos de sangre, sino también a los políticos y a los nietos. Me hace mucha gracia y muchísima ilusión ver que vuestro planteamiento de Navidad, Semana Santa y agosto es “Carbonero con la familia”. 

Este verano habéis estado -casi todos- un mes entero en casa. ¡Y qué bien lo hemos pasado! ¡Se nos ha hecho corto!Es el lugar ideal para hacer vida de familia. Conviviendo padres, hijos, abuelos y bisabuela en casa (en todo el mes de agosto pocas veces hemos sido menos de 24 a comer) y disfrutando de estar juntos. Todos felices de coincidir, aunque haya más jaleo y cueste encontrar algún rato de soledad, y alargando las tertulias porque no se nos acaba la conversación ni las risas.

Bueno, este verano ha sido competencia para algunas tertulias el juego del Catán, que según papá, creó adicción entre los chicos. No así para nosotras. A las mujeres de la familia es difícil que algo nos distraiga de la conversación. 

Ha sido una buena escuela de familias, donde hemos compartido desde las ideas más profundas a las más frívolas. Igual hablábamos de educación que de moda, cocina, colegios, lecturas, cine, política, antropología, religión… Y siempre aprendiendo un poco unos de otros.

Y es que Carbonero en vacaciones es bicicleta, excursiones al río y monte, tardes de ermita, Misas de diez de la mañana en el pueblo de al lado, desayunos en el Mesón, campeonatos de fútbol y pádel, cenas y comidas al aire libre, tertulias interminables, visitas de amigos, piscina, el vermut de los domingos… (cómo véis en mi instagram @conchitapll)

Pero Carbonero sobre todo es familia.

Ha sido un verano covid estupendo. Hemos cumplido la normativa sanitaria y cada día había un encargado de controlar la temperatura de todos y hasta hicimos unas gráficas al principio, pero no nos ha impedido disfrutar de la convivencia.

Os comentaba un día que siempre me había hecho gracia observar, en las películas de Tarzán que veía de niña, cómo los elefantes viejos emprendían un largo viaje para ir a morir a su tierra natal. Hablábamos de que a papá y a mí también nos gustaría gozar del descanso eterno en Carbonero. ¡Y lo mejor fue cuando un @queridohijopolítico nos hizo saber que él quería que le enterraran en el cementerio de Carbonero!¡Queda apuntado Juan!

Os agradezco a todos vuestro espíritu de servicio para hacer posible, un año más, un verano para recordar y me quedo con el whats que Cecilia escribió a abuela a la vuelta de vacaciones: “ el cielo será como un Carbonero eterno, todos juntos, en verano eterno”

Un abrazo a todos.

Mamá

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