Queridos hijos y abuelos:

 

Querid@s hij@s:

 Sólo hace unos días que despedimos a abuela Nieves y nos ha dejado un vacío muy grande. Aunque tenía ya muchos años se fue con rapidez y con todas sus facultades.Todo se desencadenó rápidamente, y cuando ella comprendió que se acercaba el final, nos transmitió con voz sofocada y muchos esfuerzos lo que quería que hiciéramos: Que llamáramos al sacerdote para que la diera la Extremaunción, que vinieran todos sus hijos a su alrededor y que su hijo sacerdote le dijera cosas bonitas de la Virgen. Ni más ni menos.

Fue lo último que habló y así fue como murió, tal como nos pidió y serena y santamente. Dentro de la tristeza que nos deja y de que la vamos a echar mucho de menos, no podemos dejar de dar gracias a Dios. Ha tenido una vida lograda. Esto no quiere decir que haya sido perfecta, sino que ha sido muy buena esposa, buena madre, buena abuela, estupenda suegra y ha luchado siempre por vivir cerca de Dios. 

 

Me sirve de introducción para el tema sobre el que hace días doy vueltas para escribiros este nuevo post.

 

Hace unos cuantos años me invitaron a dar una sesión en un colegio. El tema era “Misión educativa de los abuelos”. En esos momentos papá y yo nos estrenábamos como abuelos,    acababa de nacer nuestra primera nieta. Era por tanto novata en el asunto, estaba empezando a ser abuela y por eso, ni tenía experiencia ni había mostrado interés en el tema nunca. Pero ante la petición del colegio, me puse a pensar en ello y de repente lo vi claro, o al menos un poco más claro. Tenía a mi alrededor a mis padres y suegros, estupendos abuelos los cuatro, y era tan fácil como ir copiando y pegando lo mejor de cada casa. Y ésa ha sido siempre nuestra guía durante estos años a la hora de ejercer de abuelos. Lo que fui capaz de transmitir ese día, a ese grupo de abuelos, y con pequeños matices, es lo que sigo pensando e intentando hacer ahora que somos abuelos con todas las de la ley.

 

Así entendí  que la misión educativa de los abuelos no es otra que la de ser buenos abuelos y que para ser buenos abuelos, vuelvo a decir, no tenía más que mirar a mi alrededor. También me sirvió mucho algo que leí: ”Los abuelos se limitan a querer a los nietos. Dan mucho y sólo piden a cambio el amor incondicional de los chavales”. Así, entre lo que observaba y leía fui elaborando algunos puntos que paso a transcribir.

 Ahora os pilla a todos muy lejos, pero lo podéis dejar ahí y algún día (si Dios quiere llegará) os gustará hojearlo.

 

Podemos llamarlo el Decálogo de los abuelos comprometidos( por eso he puesto 10 números un poco forzados, jeje), por no decir de los buenos abuelos, que suena un poco presuntuoso. Ya me gustaría decir que es lo que papá y yo vivimos, pero como todos sabéis de nuestras limitaciones y tropiezos, sólo me atrevo a decir que es lo que nos gustaría y nos esforzamos por vivir. Ahí va:

 

1. Recordar  que los abuelos no somos los padres. Orientar si los hijos nos piden opinión pero no marearles sobre cómo educar. Si no es algo muy gordo, mejor callar. Si se actúa con prudencia ya te preguntará tu hij@ si quiere y lo ve oportuno.

 

2. No meternos en los asuntos del matrimonio de nuestro hij@. No caer en la tentación de dejar que nuestro hij@ nos  cuente sus pequeños conflictos conyugales. Es bueno que lo solucione solo, aunque sufra. Si son problemas gordos, esforzarnos por ser objetivos, no dar la razón al hij@ sin más y mejor acompañarles -si es necesario–  a algún especialista que les vaya a ayudar a salvar el matrimonio.

 

3. En las batallas diarias  siempre ponerse a favor del yerno o de la nuera. A los hijos los tenemos seguros y al otro tenemos que ganárnoslo. Prodigarnos con los yernos y nueras en  detalles pequeños de cariño, no recriminarles nada, nada y menos aún hablar y hacer broma de sus defectos con nuestr@ hij@

4. Estar siempre dispuesto a echar una mano. Si se ve que los hijos están cansados o un plan les hace mucha ilusión, ofrecerse de canguro. Decimos ofrecerse de canguro puntualmente, que no tiene nada que ver con pasar a ser los cuidadores del niño. Muchos abuelos creen que es su obligación y hay muchos abusos en este campo.

 El matrimonio, la joven pareja, tiene que hacerse cargo de su familia y de sus hijos.

 Aunque “nuestra pobre hija tenga mucho trabajo” tiene que aprender a organizarse ella con su pareja. Igual esto  supone renunciar uno de ellos durante unos años a trabajar o a ascender en el trabajo, o ven sus ingresos reducidos al asignar casi todo un sueldo a una empleada del hogar, o tienen que dejar al bebé en la guardería tan pequeñín… Qué le vamos a hacer. Es la vida y seguramente los abuelos también pasaron dificultades,  parecidas o distintas, cuando criaron a sus hijos. Pienso que no les hacemos ningún bien a nuestros hijos cuando nos encargamos de sus niños nosotros. Estamos haciendo daño a nuestr@ hij@ porque estamos impidiendo que  maduren como padres y, no pocas veces, estamos además  fomentando el egoísmo en nuestr@s hij@s. Es la continuación de cuando, de pequeños, les dábamos más caprichos de los que les correspondían.

 

Además estar con niños pequeños es cansado y duro y es un poco de cara dura por parte de los hijos pasárselo a los padres. No es raro oír decir , a algún matrimonio joven, que a sus padres “les da la vida  cuidar horas y horas a su hijo”. Encima a veces añaden, con toda la cara, lo felicísimos que hace a los abuelos este encargo. Puede ser así en algún caso, pero muchas, por no decir la mayoría de las veces, pienso que no. A poca gente le encanta cuidar a niños pequeños, y no es raro que lo hagan por ayudar a los hijos o por no saber decir que no. Es verdad que hay momentos puntuales especialmente difíciles y entonces sí, ahí están los abuelos. También puede haber algún caso en que  los abuelos pidan encarecidamente cuidar a un niño, pero en la mayoría de los casos, lo que yo conozco al menos, los abuelos cuidan niños porque no ven otra solución.

 

Qué conste que esto lo escribí cuando me estrenaba como abuela. Vosotros me fuisteis corroborando que esto era así y lo hemos hablado muchas veces en todos estos años.

 

5. Este punto 5 es fundamental, de lo más importante, muy fácil y con muy buenos resultados: tener siempre una chuchería que dar a los nietos cuando nos vemos.Su cariño está muy relacionado con este punto y a todos los abuelos nos interesa “comprar su cariño”. Según crecen nos querrán por cosas más elevadas, pero de pequeños el asunto es así de simple.

 

6.-No protestar si nos desmontan el salón o manchan de chocolate el sofá y las cortinas. Se puede decir “no” o poner límites a peticiones, pero pocas veces y con amabilidad. Para enfurecerse  y reñir ya están sus padres. Es una de las ventajas de ser abuelos. Es muy bonito también dedicar tiempo a los nietos: jugar con ellos a las cartas o a juegos de mesa, llevarles al cine, leerles un cuento… Qué bien lo habéis pasado y cuántos buenos recuerdos  tenéis de las muchas horas que habéis pasado con abuela M. jugando a las cartas y recibiendo “el repelús”. ¡Y ahora lo sigue haciendo con sus bisnietos!

 

7. No olvidar nunca su santo, cumpleaños y demás fiestas importantes en la vida de los nietos. Ni decirles “ Hace mucho tiempo que no vienes a verme, o que no me llamas, o no te acuerdas de mí”. Esas expresiones producen rechazo y  quitan a los nietos las ganas de un nuevo encuentro. Al contrario, ser nosotros los que les invitemos frecuentemente a comer o a lo que sea  acasa. Para eso no hace falta tenerlo todo controlado. Si se invita a comer y vienen más de los previstos, se saca pan y embutido y listo. Y si vienen menos, se congelan las sobras. Da igual.

 

8. Ser muy generosos con nuestros hijos y nietos. Cada uno según nuestras  posibilidades pero que ellos tengan claro que la ilusión de tener bienes de los abuelos es para compartirlos con los hijos y los nietos. Invitarles a cualquier actividad que les reúna, qué haga familia. Es un dinero muy bien empleado. Y es que unos buenos padres todo se lo darían a unos buenos hijos.

 

9. En caso de problemas en el matrimonio de nuestros hijos ser un referente claro. En caso de conflicto (salvo casos graves que no admiten solución posible) apoyar al que quiere salvar  el matrimonio, sea o no nuestr@ hij@, con la idea de que a veces la salida más fácil o cómoda no es la que les va a hacer más felices.

 

10. No discutir entre nosotros. Si nos queremos mucho y somos cariñosos y tiernos, transmitiremos una idea de amor eterno a hijos y nietos. Y si queremos transmitir la fe que vivimos, que vean que para nosotros es lo primero. Rezar mucho por ellos y un poco con ellos.

 

Entiendo que son muchas cosas y cada uno hacemos lo que podemos. También hay muchos casos en que a los abuelos les toca hacer de padres por problemas varios y entonces todo cambia, entonces sí les puede tocar educar a los nietos. Pero en situaciones normales, vuelvo a decir que, me parece a mí, la misión educativa de los abuelos no es otra que ser buenos abuelos.

 

Visto esto se me ocurre añadiros una idea: Los abuelos estamos muy felices cuando los hijos voláis y vivís fuera. Somos felices viéndoos a vosotros felices. No estamos tristes por estar solos, sino que disfrutamos de vivir juntos esta nueva etapa. Nos sabemos muy queridos por vosotros y esperamos siempre con muchísima ilusión vuestras frecuentes  visitas. Las saboreamos antes, durante y después. Y no os preocupéis al iros y dejarnos solos, pues como se suele decir: es muy grande la alegría de cuando llegan los hijos y nietos a casa y también se agradece cuando se van y volvemos a la rutina diaria ¡hasta la próxima visita!

 

Y ya sabéis lo que decimos en casa: En vacaciones podéis venir todos y todos los días que queráis, que ya nos apañaremos.

 

Un fuerte abrazo

 mamá

Instagram:conchitapll

 

3 comentarios sobre “Queridos hijos y abuelos:

  1. Estimada Conchita,

    Otro post lleno de sabiduría y buenos consejos. Tienes razón que a veces las cosas son más fáciles de lo que creemos. Pensemos: ¿qué era lo que más me gustaba de mis abuelos? Las conversaciones, los mimos, el amor incondicional, las historias que nos explicaban…se trata de copiarlo, como tú dices. Lo que cuentas en el punto siete me ha recordado a la historia del rabino judío. Una anciana se dirigió quejosa a su rabino para explicarle que sus hijos y nietos no la atendían lo suficiente. Que no la visitaban ni los fines de semana, ni en las festividades judías ni la llamaban con la frecuencia que ella deseaba. Añadía que a menudo les censuraba su comportamiento, que no eran buenos hijos y un largo etcétera de enmiendas, pero que ellos parecían impermeables a sus quejas. Inexplicable!
    Para sorpresa suya, el rabino, que era un hombre muy experimentado en cuestiones familiares, lejos de darle la razón y reprender a los hijos, le contestó con otra pregunta: ya se hace usted agradable de ver? Se hace usted echar de menos? Cuando está con sus hijos y nietos hacen actividades agradables y procura que se diviertan? O se para el rato quejándose y reprochándoles cosas?
    La señora debió quedarse chafada pero qué buen consejo le dio su rabino. Todos hemos tenido algún tío o tía fastidioso que íbamos a ver muy obedientes pero…qué deprimentes eran esas tardes, todo quejas y achaques. Todos preferían al tío que te hacía un bocadillo riquísimo y te proponía mirar por la ventana a ver si localizábamos al gato que se había escapado.
    Aprovecho para recomendarte un libro estupendísimo: Habilidades para la vida. Familia y escuela. Evidencia científicamente la conveniencia de muchos de tus consejos.
    Un saludo cariñoso y mis condolencias. DEP.

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