No siendo muy de viajes….

Queridos hijos, ya sabéis que a papá y a mí no nos gusta especialmente viajar. Bueno, a nadie amarga un dulce y estar algún día sin pensar qué hacer para comer y sin más obligación que distraerse, siempre es un planazo. Pero viajar así como suena, conocer nuevas ciudades y destinos, pues tampoco es que nos apasione.

 

También es cierto que en algunos momentos de nuestra vida, cuando erais todos muy pequeños y no salíamos de biberones y pañales, cualquier salida nos parecía una maravilla. Los primeros años de casados no nos movíamos más que para ir a Carbonero. Dejamos de asistir a varias bodas de amigos porque con niños no contemplábamos ir.

 

Era muy difícil movernos y nuestras salidas anuales eran hacer unos días de retiro que, aunque nos costaba mucho organizar, nos venían muy bien. 

Mirad si sería que cuando empezamos a hacer pruebas a Víctor tuvimos que ir un día de médicos a Barcelona: ¡papá, Víctor y yo todo el día solos en Barcelona!. Lo recuerdo como el gran plan del mes, e incluso del año. Pudimos pasear por la ciudad y comer en la cafetería del Corte Inglés, que como nos dice siempre Edu, nos encanta a los que somos de provincias, jeje.

 

Más tarde, según ibais creciendo surgieron los congresos de orientación familiar y los congresos de padres de colegios de Fomento. Les sacamos mucho jugo, porque era la excusa perfecta para pasar unos días de descanso, y como era por una buena causa se entendía que colocábamos a todos los niños y nadie se escandalizaba.

 

La cosa se fue animando según crecíais y os ibais a estudiar fuera.

 

Así llegamos a este curso 2021-22. Sin “ser muy de viajes”, empezamos en octubre con una semana en un chateau de Burdeos invitados por Mark y Ali. En noviembre fuimos un fin de semana con los Montes y otros amigos a Burgos y Logroño, recorriendo los lugares de San Josemaría.

A finales de noviembre fui a Pamplona a acompañar a Cecília en el parto de Sancho y una semana después a Madrid, a acompañar a Carol en el de Gabriela. Antes de navidad estuvimos en los bautizos de los cuatro nuevos nietecitos: dos en Pamplona y dos en Madrid y empezamos la navidad en Madrid con todos vosotros, yendo al concierto de Perales.

En febrero volvimos a Madrid al bautizo de Lucía, la quinta nietecita de esta remesa y el primer fin de semana de marzo fuimos todos juntos a la esquiada familiar en Andorra.

Ese mismo mes nos fuimos papá y yo diez días a Houston con Ali y Marc, que nos invitaron a su casa, para asistir a la época de los rodeos, tan típicos de allí.

En mayo llegaron las tres primeras Comuniones de nuestros preciosos nietos (dos en Madrid y una en Pamplona) y terminamos en junio con un súper fin de semana para dos en Málaga, por gentileza de unos buenos amigos.

Si a esto añadimos los días de retiro dedicados a nuestra formación, unas siete bodas anuales (que es la media en estos últimos 5 años) y otros acontecimientos familiares, la verdad es que no está mal.

 

Me acuerdo cuando estaba feliz -pero quieta parada- llena de niños y pensaba en la suerte de ir un día de médicos a Barcelona para comer en el Corte Inglés. Y me veo ahora como una peonza de aquí para allá y llena de viajes y pienso que la felicidad va por otro lado. No está en viajar o quedarte en casa, ni en salir más o menos.

 

Fui feliz en casa sin moverme y llena de niños (aunque añorara alguna salidita sin niños) y soy feliz ahora (aunque añore los fines de semana tranquilos en casa papá, Víctor y yo).

 

Un fuerte abrazo.

 

Mamá

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