

Querida hija: “Los tres caminos para conocer la Verdad “
Me pides un post con algunas ideas para argumentar tus convicciones morales y religiosas en las conversaciones con tus compañeras y ya buenas amigas del trabajo.
Me alegro de que te hayas dado cuenta de la necesidad de formarse y documentarse para poder ayudar mejor a los demás. No vale creer que las cosas son de una manera determinada porque sí, porque me fio de Dios y de mis padres. Esa docilidad tuya, que es muy buena para muchas cosas, no excusa la obligación que tenemos cada uno de formarnos. Solo así sacarás todo el provecho a lo que has recibido.
El tema de marras que te preocupa y nos ocupa es que dentro de tu buen ambiente de trabajo, habláis de todo y salen temas importantes en las conversaciones, cosa lógica.
Y como estáis en la industria farmaceútica[c] últimamente habláis mucho del aborto y de la eutanasia, que ha estado tristemente de moda estos días.
Tus compañeras no tienen fe y no entienden por qué la eutanasia y el aborto te parecen mal. Deben creer que tienes ganas de llevar la contraria. Tú les dices lo que tienes muy claro: que la vida no nos pertenece, que sólo Dios nos la da y nos la quita y que el sufrimiento tiene sentido y valor. Pero claro, todo esto no vende titulares ni da dinero.
¿Y qué decirles a ellas que ni saben ni quieren saber nada de Dios?
Pienso que lo primero es comprenderlas y ponerte en su lugar. Según su manera de pensar, el hombre no es más que un animal (un poco o mucho más listo) y como tal se le puede matar si sufre o por el bien de la especie. Es más, el ser humano es dueño de su vida y puede hacer lo que quiera con ella.
Desde esa perspectiva se entiende su manera de pensar. Es muy duro ver sufrir a alguien y en esos casos, es fácil y humano pensar que cuanto antes acabe todo, mejor para esa persona y para todos los de su alrededor. Si se piensa que el hombre es solo un animal más listo, pues no hay más. Es muy comprensible su enfoque. Pero conviene recordar que muchas personas han sacado lo mejor de sí mismas y de los demás y se han hecho mejores en el sufrimiento propio o cuidando a un enfermo sufriente. Crees y creo, que actuar según Dios nos ha dicho y para lo que nos ha creado es lo que más felices nos va a hacer, aunque a veces pase por el sufrimiento.
Nosotros creemos que el hombre es mucho más que un animal. Es hijo de Dios y por eso tiene dignidad humana, más elevada. Es el único ser de la creación que la tiene, que está hecho para amar a Dios y a los demás y así ser feliz en la tierra y después en el cielo.
¿Pero cómo sabemos cuál es el modo propiamente humano de actuar? ¿Cómo podemos llegar a saber, como seres humanos,lo que está moralmente bien o mal?
Dios nos lo dejó bastante asequible dentro de la distancia que nos separa, y para ello utilizó tres formas o maneras distintas de transmitirlo, intentando llegar a “todos los públicos” (que diríamos ahora). Lo hizo a través de :
1) La Ley divina: es un conjunto de normas y preceptos revelados por Dios que guían la conducta humana hacia la felicidad eterna y la realización plena, reflejando su voluntad. Los creyentes o personas de fe nos fiamos de Dios y lo tenemos clarísimo por esta vía.
2) La Ley natural: es un conjunto de principios éticos y morales universales, inmutables y no escritos, inherentes a la naturaleza humana, que permiten distinguir el bien del mal. Es perfectamente entendible para los agnósticos de buena fe.
3) La Ley de las consecuencias: se refiere a la ley de causa y efecto, donde toda acción genera una reacción o resultado, a menudo inesperado. Esta vía es entendible para el resto de la gente, aunque en ocasiones sea a posteriori de haber realizado la acción.
Te explico más detenidamente cómo por estos tres cauces llega el hombre a descubrir la voluntad de Dios (lo que se espera de él como ser humano) y cómo se aplicaría, en este caso, al aborto :
a) Ley Divina: Es la primera y más fácil de llegar si tenemos fe. Simplemente leyendo lo que Dios mismo nos dijo a través de los Mandamientos y de todas sus enseñanzas en los Evangelios.
El 5º Mandamiento dice “No matarás” y cuando se hace desaparecer un feto (pequeño o grande) se están cargando esa vida. Desde la fecundación es una vida distinta de la madre, con vida propia, aunque dependa de ella para su desarrollo inicial (igual que depende de que le cuiden cuando sale al exterior) . Otra cosa diferente es que al principio el embrión o feto es tan pequeñito y puede causar tanta extorsión a la madre o familia que les compensa hacer la vista gorda y mirar para otro lado.
No podemos juzgar a las personas porque hay situaciones realmente difíciles, pero nunca las circunstancias podrán justificar moralmente que el aborto es una opción. Obrar bien moralmente y optar por la vida no siempre es lo más fácil, pero siempre sacará lo mejor de cada persona y le ayudará a ser feliz. Por eso, en estos casos, nuestro esfuerzo debe estar en ayudar a la madre con sus problemas, no en ayudarle a deshacerse de su hijo.Y siempre sin juzgar.
b) Ley natural: Aunque no se crea en Dios o no se quiera contar con Él, el hombre lleva impresa en su naturaleza humana la manera en que debe vivir. Es la Ley natural o la Antropología. Todos sabemos que tenemos que hacer el bien y evitar el mal, o que no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti.
Así, por ejemplo, todos sabemos que robar no está bien, aunque no conozcamos o ignoremos los Mandamientos. Es como un manual de instrucciones que nos viene de serie, por ser seres humanos.
Por esa vía es fácil ver que en el aborto nos estamos cargando una vida pequeñita ya iniciada. Es tan evidente, que en toda la historia de la humanidad se ha visto así (a pesar de que se hiciera), igual que se ha visto que robar o mentir está mal.
Cuando estaba trabajando en el colegio, a mis alumnas les contaba siempre un hecho que puede aclarar bastante: Leí una vez un libro titulado “Yo sobreviví a un aborto” de Alejandro Bermúdez, en el que cuatro mujeres contaban su testimonio de que viven gracias a que falló el procedimiento del aborto al que se sometieron sus madres. Explicaba una de estas personas que a veces fallaba el intento de aborto y se encontraban con que en vez de recoger pedazos de bebé o un bebé muerto, salía el niño, un poco o muy maltrecho, pero vivo. En esas circunstancias el resultado dependía de la sensibilidad de la enfermera o de la persona que lo recogía: o le estrangulaba y solucionaba el “problema” (¿cómo explicar a la madre que el bebé seguía viviendo?) o se apiadaba del niño y le reanimaba. A mis alumnas, guiadas por puro sentimiento o sensibilidad, les parecía horrible que “remataran“ al bebé una vez nacido, pero no les parecía tan mal cuando el aborto, el quitar la vida al niño, se hacía unos segundos antes, dentro de la madre. ¿Qué diferencia hay? ¿El valor de una vida se mide por el sentimiento que genera?
c) Ley de consecuencias: Podríamos decir que es la ley del “escarmiento“. Vemos que actuar de una determinada manera produce sufrimiento y va denigrando a la persona y haciéndola más infeliz a la larga.
Sería el camino que tienen para llegar al bien las personas que niegan a Dios, no creen en la ley natural y piensan que lo bueno o lo malo lo decide la mayoría. Pero con buena fe pueden llegar a ver que actuar de una manera u otra no da igual ni es subjetivo. Así constatan que obrar de una determinada forma (contra de lo que Dios quiere y la ley natural nos manifiesta) produce sufrimiento y vacío.
El aborto produce muerte de un ser humano y nadie se somete feliz a un aborto ni queda indiferente. Produce sufrimiento, aunque humanamente le compense porque se quita un problema de encima o porque va a ganar dinero con ello. Igual que la persona que roba produce sufrimiento al que le priva de su bien y a él mismo, que va haciéndose daño en su naturaleza, en su valía personal, pero le compensa por otros motivos.
Esto nos lleva a pensar: ¿El fin justifica los medios?
Por eso tenemos mucha suerte los cristianos que sabemos y creemos que vivir según lo que Dios nos ha revelado y comunicado (apoyado por la ley natural) es lo que nos va a ayudar a tener una vida con salud y enfermedad, con alegrías y tristezas, con victorias y derrotas…pero una vida más plena y feliz.
Un beso muy fuerte.
mamá
