


Queridos hij@s: se acerca el mes de agosto y vamos todos “calentando motores” para encontrarnos en Carbonero.
El verano pasado fue un honor que , desde el Ayuntamiento de Carbonero pidieran a Edu que escribiera un artículo acerca de la relación de nuestra familia con el pueblo. Como tiene casa allí y Cris, él y los niños van más a menudo, le consideran más del pueblo.
Era para la revista local que sale cada verano y en el apartado “ hijos adoptivos”.
Gracias Edu y gracias a los responsables del Ayuntamiento de Carbonero por la confianza.
Es un bonito recuerdo y aquí lo dejo.
HIJOS ADOPTIVOS
Algunos nos llaman los Pirogas a una parte y los Pirracas a otra, otros los de Lérida (aunque muchos no vengamos ya de allí), para otros somos los de Mariano y Maruja pero lo que en realidad nos consideramos es hijos adoptivos de Carbonero el Mayor.
Carbonero es para nosotros nuestro pueblo, es dónde pasamos la Navidad, la Semana Santa y gran parte del verano. Algunos con más suerte vienen también algunos fines de semana o puentes más largos.
Muchos de nosotros, somos adoptivos en toda regla pues no tenemos raíces en Carbonero sino que nos hemos casado con hij@s del pueblo.
Las diversas familias que hemos formado han ido creciendo y este grupo hoy día ya cuenta con más de 40 menores de 18 años.
Seguramente es en verano cuando todos pasamos un periodo más o menos largo en Carbonero. Aunque cada familia se organiza como considera mejor y a veces, el espacio no permite coincidir todos de una sola tanda, sí que hay bastantes cosas que se han convertido en una costumbre para muchos de nosotros.
De lunes a sábado, el plan de las mañanas consiste en ir a la piscina municipal. Además de bañarnos, los más pequeños convierten la pista de futbol playa en su arenero particular, los preadolescentes y adolescentes montan algunos partidos o juegan a las cartas y los mayores jugamos al vóley, al tenis playa o a algún deporte nuevo que se nos ocurra.
Por las tardes, la ermita del Bustar suele ser el lugar más frecuentado. Para llegar hasta allí hay muchas opciones, muchos van en coche, otros se animan a ir en bici, los más valientes desafían al calor y van corriendo (aunque algunos terminemos andando o recogidos por algún coche que al pasar se apiada de nosotros). Allí tras una buena sesión de columpios de los más pequeños y algún partido o excursión al río de los medianos damos una merienda-cena.
De vuelta a casa: baños, duchas, pijamas y los más pequeños a dormir. Los que ya no son tan pequeños suelen quedar con otros chicos del pueblo hasta las 12 más o menos.
Después de cenar, unos se quedan hablando a la fresca y otros que son más competitivos se aficionan cada año a un juego de mesa – últimamente el Catán es el juego por excelencia. Algunos días hay un plan común con los chicos que puede ser ver una película todos juntos, organizar un campeonato de ping pong o alguna otra actividad familiar que se nos ocurre.
Sea el plan que sea, esas noches suelen terminar en una tertulia familiar donde poco a poco nos vamos retirando en función del cansancio. Los últimos en irse a dormir lo hacen a la 1 o 2 de la mañana, suelen ser los que tienen menos hijos pequeños que son los que al día siguiente madrugan más.
Los domingos nuestro plan cambia por las mañanas, nos arreglamos un poco más y nos juntamos en Misa de 12:30. Después un aperitivo en alguno de los magníficos bares de Carbonero y ese día es más común hacer una paella o una barbacoa para todos.
Seguramente este plan que hacemos nosotros lo puede hacer mucha gente en muchos sitios. No obstante, para nosotros, Carbonero es especial. No son muchos los pueblos que tengan la gente y las instalaciones que tiene Carbonero.
En cuanto a la gente, son muy acogedores con todos los que venimos de fuera pero es que además, los que no somos de aquí de nacimiento, acabamos teniendo la sensación de que la mayoría son primos o tíos. La diferencia entre primo y tío la define la edad que tenga la persona en cuestión respecto a la nuestra.
Por lo que refiere a las instalaciones, Carbonero tiene una piscina municipal impresionante, un polideportivo muy completo (dónde a los milenials nos gusta jugar un partido contra los del pueblo cada año), una ermita preciosa y muy bien cuidada, unos buenos parques infantiles, comercios, bares… y eso en un entorno muy tranquilo y seguro para nuestros hijos.
Muchos pasamos una parte del verano en otros pueblos de Castilla la Mancha, Galicia, Andalucía, Cataluña o la Comunidad Valenciana y todos coincidimos en una cosa: como en Carbonero en ningún sitio.
Gracias a todos los que hacéis que Carbonero sea un lugar donde muchos nos podamos sentir hijos adoptivos.

