


Queridos hijos:
Ya estamos de vuelta y doy gracias a Dios por un verano más en Carbonero. Un mes de agosto que hemos pasado estupendamente y que nos ha dejado tan buen sabor de boca.
Somos muchos en la familia, haciendo un recuento general me salen 20 adultos (padres, hijos, yernos y nueras) y 34 niños, bueno 34 nietos, porque los nietos mayores, Cecilia y Nico, ya tienen 19 y 18 años y ya están en la universidad.
El mes de agosto es el mes de todos en Carbonero, nuestro pueblo. Gracias a Dios a todos os encanta venir a casa y encontraros con abuela, papás, hermanos, cuñados y sobrinos. Como dijo un día Carlos cuando alguien le preguntaba donde pasaba las vacaciones: “En el mejor sitio: en Carbonero y con mis cuñados”.
Es verdad que tenemos una casa muy grande, heredada de los abuelos, pero por grande que sea, no hay casa que aguante, ni en espacio ni en intendencia, a tanta gente en régimen de pensión completa durante un mes.
Por eso la mitad venís a Carbonero del 1 al 15 de agosto y la otra mitad del 15 al 30. Además de vez en cuando alguno puede añadir una tercera semana utilizando la casa de los Mundet Gonzalo, que gentilmente os dejan vuestros hermanos cuando ellos no están.
Somos muchos en casa, casi somos legión, pero todo va saliendo con buena voluntad, buena organización y la ayuda de Dios .
Empezamos por la elección de fechas: como decía antes, cada familia tiene garantizados quince días. La casa absorbe aparte de nuestro dormitorio, 3 familias más holgadamente (con dos-tres habitaciones por familia) ó 4 familias más apretaditos. También ocupamos parte de la casa de abuela Maruja donde duermen Víctor y Javi. De esta manera y con este plan, lo primero es elegir la quincena. Entre los hermanos lo organizáis y queda el mes repartido sin problema.
Una vez hecho el reparto de días, papá, Víctor y yo nos presentamos el día 1 de agosto en Carbonero donde nos encontramos con la primera tanda de vosotros. Ahí empieza nuestro gran verano.
Cada tanda supone, redondeando, unas 25 personas, doce mayores y trece niños, por lo que el ambiente en casa es… maravilloso. Aparte están los Mundet Gonzalo que tienen su casa cerquita de la nuestra. Podría ser de locura pero no es así, hay bastante organización y estamos todos muy agusto.
Voy a ir escribiendo diversos aspectos que ayudan a la paz familiar que hemos ido aprendiendo entre todos poco a poco y que ayudan a la convivencia.
Quiero empezar por las comidas que es por lo que más me preguntan mis amigas; veo que este tema mal gestionado se puede hacer bola.
La comida es mi trabajo ese mes, pero es mi trabajo porque yo quiero, lo tengo muy cogido y creo que las comidas es mejor que recaigan en una sola cabeza que repartirlas entre todos. Todos os ofrecéis para cocinar, o para ayudar, pero os digo y repito que gracias, pero prefiero hacerlo yo. No sólo es cocinar, sino tener en la cabeza los menús, aprovechar compras, comidas variadas… Por eso me gusta hacerlo a mí y mejor que me dejéis sola, jejeje… porque si estoy con gente me distraigo y no estoy a lo que estoy.
Vosotros os vais por la mañana con los niños a la piscina pública del pueblo y yo me quedo cocinando escuchando la radio o mi música favorita. Y papá cerquita y dispuesto a echarme una mano cuando haga falta.
Estoy feliz de hacerlo y me compensa con creces el orden que eso marca en el grupo.
Además mi horario es muy relajado y me encanta: a las 10 vamos a misa casi todos los mayores.
Hago un inciso porque este año hemos introducido una novedad: a las 8 de la mañana nos citábamos en la puerta las chicas de casa y con Carol y Nere embarazadas inclusives caminábamos hasta la Iglesia de Fuentes, un pueblo abandonado, y después de rezar una Salve y hacer algún estiramiento volvíamos a paso ligero. A las 9 estábamos ya en casa pero felices con 6 km recorridos y la moral muy alta.
Pues como decía, a las 10 a misa a Mozoncillo y a las 10.30 desayuno en la terraza del Mesón con papá y conmigo los que podéis. Es muy agradable esa primera tertulia a la fresca y os turnáis para acompañarnos porque alguno tiene que quedarse en casa con la marabunta de niños. Ahí hasta las 11.30 que hago la compra en el Lupa de lo que necesito para el día y así poder empezar a las 12.00 a cocinar .
A las 14.30 está la comida de los niños puesta en los platos y llegan todos de la piscina a comer, después a ver la peli o siesta los más pequeños y a las 15.00 comemos los mayores. Tenemos la suerte de que Ivette viene a ayudar a las 13.30, “avía” la casa y recoge la cocina. Esto ayuda a que comamos con mucha dignidad y la mesa bien puesta, y que las sobremesas sean luego largas y estupendas.
Hacer la comida son sólo 3 horas de trabajo más o menos y supone mucho orden y paz para todos. Además es el único trabajo que tengo porque nunca nos utilizáis de canguro y os encargáis muy bien cada familia del orden de vuestras habitaciones y de los niños (ya hablaremos en otro post) y de las cenas ya no me encargo.
Como digo, la cocina es poca cosa o al menos no es para tanto y compensa un montón porque da mucha paz familiar.
Normalmente hago dos menús: uno para niños y otro para mayores y soy consciente de que el menú de niños es tipo campamento y priorizo que coman bien todos a que coman una dieta equilibrada (en la que supongo se esfuerzan sus padres los otros 11 meses), pero nos va bien así y padres e hijos estáis encantados. Algún día celebra alguno su aniversario y me “echan“ ese día de la cocina, pero por lo general este es el plan.
Este verano he ido anotando cada día lo que comíamos para deciros, porque siempre me pedís los menús y nunca os sabía decir todos. Os paso lo que han sido las comidas de este mes, por si os ayuda.



Ya véis que no son cosas complicadas, es cocina de subsistencia pero hecho con cariño y lo más rico posible. Y de verdad que con 2 horas y media o 3 está hecho. Me encanta hacer la compra cada día y para ese día. Como os decía, cada mañana y en 20 minutos, compro en el supermercado al ladito de casa lo que voy a necesitar ese día y no me lío con lo que necesitaré mañana. Luego si me falta algo, mando a los niños a comprar cosas puntuales.
Pero la compra diaria prefiero hacerla yo, además siempre puedo puntualizar algo del menú según lo que veo en el súper.
En cuanto a cantidades hay que comprar mucho de todo. Para un día dos kilos de carne, dos kilos de pasta… Todo lo que se hace se come, nunca se desaprovecha.
Por la tarde los padres preparáis bocadillos fríos o calientes, sándwiches “de lo que sea” de merienda-cena. Con las cestas hechas, con bebida y postre nos vamos al parque del campo de la ermita y así vienen ya cenados los niños. Al llegar toman un yogur, fruta o un helado (según el día), baños y duchas, pijamas y a la cama los pequeños y los más mayorcitos, a la salita de niños a ver una peli.
Los mayores tenemos cena libre más o menos. (Hablar de cena libre en casa es sinónimo de que mamá no cocina jeje).
Los sábados seguimos la costumbre de casa de toda la vida de cenar frankfurts y hamburguesas y lo suelo hacer yo, que ya tengo “mucha mili”. Y los viernes o domingos cenamos pizzas. Congeladas casi siempre y de vez en cuando caseras que hace Fer, desde la masa hasta el gratinado.
El resto de días, Fer, Carol, Raquel, María, Nere, Belen, Cris, Carmen ,Carlos o el que sea, preparáis algo frío para todos: tostas de aguacate y jamón, pan con tomate y jamón, bocadillos calientes de mantequilla y chorizo, embutido, queso, un poco sobre la marcha. Entre todos os ponéis en la cocina y unos cenan allí y otros salimos a cenar a la terraza.
Aparte están los espontáneos que nos deleitan con sus creaciones especiales: cookies de Carol, postre especial de Carlota, patatas y preñaditos de Fer…
Estos extras los hacen por la tarde y fuera de menú.
Los domingos siempre era el día en que papá nos hacía una paella riquísima pero últimamente los domingos es nuestro día y nos vamos los dos solos a misa fuera y de excursión. Ha dejado la paella en manos de Fer.
Y ésta es nuestra organización de comidas. Creo que es bueno que una persona tenga en la cabeza la despensa, la nevera y la distribución de menús; es más ordenado o al menos a nosotros nos va bien así.
También es importante el tema financiero. Papá y yo pensamos que siempre que los padres puedan permitírselo, es mejor que sean ellos los que corran a cargo de las compras. Sois nuestros hijos y nietos y estáis en nuestra casa. A nosotros nos encanta poder invitaros y además se evitan muchos conflictos. A no ser que no se pueda hacer otra cosa, hacer bote aportando una parte cada familia puede ser una fuente de conflictos. (Por ejemplo el niño que come dos yogures, o cuando desaparece alguna provisión con la que uno contaba y “que ha pagado”).
En fin, que siempre que se pueda, pensamos que es mucho mejor que invitemos los padres y si no se puede o es un cargo excesivo para el presupuesto de los abuelos, se habla entre todos y se llega a un acuerdo.
Además es muy bonito ver cómo tenemos que estar siempre ojo avizor porque a la que nos descuidamos papá y yo ya estáis pagando la cuenta (con la excusa de que compráis los pañales para vuestros hijos). Sabemos, porque nos lo decís, que todos estáis muy agradecidos y deseando colaborar con lo que sea. Pero estamos encantados de poder invitaros.
Y así de sencillo es el plan de comidas de casa. No es para tanto como puede parecer ni tan complicado cocinar cada día para 25. Además recibo cada día tantas “gracias abuela”, “gracias mamá”, “gracias Conchita”, “qué rico está”… que está pagado con creces y estoy feliz de poner mi granito de arena para que el mes de agosto sea un mes para recordar.
Un fuerte abrazo y en el próximo hablaremos de la ropa y la limpieza.
Os quiero mucho
mamá
